PUNO

Ubicación
Puno es sin lugar a dudas uno de los destinos más atractivos del Perú y uno de los más interesantes en el continente: pocas ciudades tienen el privilegio de ubicarse a orillas de una maravilla de la naturaleza como el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo.

Ubicado en la Meseta del Collao y a orillas del Titicaca a 3860 metros sobre el nivel del mar, Puno, es el puerto lacustre más importante del Perú. Su ubicación estratégica entre la ciudades de Cusco y La Paz, hacen de Puno un paso obligado para los turistas que viajan entre Perú y Bolivia.

Puno es la capital del departamento del mismo nombre que está situado en el extremo sureste del Perú y que limita al este con Bolivia, al sur con los departamentos de Tacna y Moquegua, al oeste con los de Arequipa y Cusco y al norte con el de Madre de Dios. Posee una extensión de 72.382 km2.

La Ciudad de Puno
La fundación española de la ciudad data de 1668. Es una ciudad rica en expresiones del arte mestizo local: balcones coloniales, arcos de piedra labrada, iglesias barrocas y museos con estupendas piezas de arte textil y cerámico. Sin embargo, quizás los mayores atractivos del lugar se encuentren a escasas diez cuadras de la Plaza de Armas, en las aguas del Titicaca: una vasta superficie de 8.560 km2 que los lugareños surcan hábilmente en embarcaciones hechas de totora, una especie de junco que crece en las orillas del lago (o en lanchas, cuando se trata de atender al visitante).

Puno es un lugar turístico gracias a su cercanía al Lago Titicaca y a las Chullpas de Sillustani. La ciudad en sí no es muy interesante y luce hasta cierto punto un tanto pobre. La mayoría de las casas están hechas de adobe y cubiertas con techos de metal, sin embargo, podemos encontrar algunas bellas edificaciones como la Catedral, La Iglesia de San Juan, el Arco Deustua y el Balcón del Conde de Lemos.

El Jirón Lima es una calle libre de autos, con muchos restaurantes y pubs. Esta calle es el centro de la vida nocturna y es concurrida por muchos turistas y lugareños que van en busca de distracción. Peñas con música en vivo crean una atmósfera placentera. Esta calle desemboca en la Plaza de Armas en donde se puede apreciar su bella Catedral construida en 1747 por Simón de Asto. En la avenida la Torre está ubicada la estación de trenes así como un mercado de frutas y verduras.

Capital Folklórica del Perú y de América
Considerada como la Capital Folklórica del Perú y de América, Puno es inmensamente rica en danzas, música, costumbres y leyendas. Puno es célebre por lo variado y colorido de su folklore, sin duda el más rico y deslumbrante del continente, cuya máxima expresión es la fiesta de la Virgen de la Candelaria, que se realiza en febrero.

La fiesta de la Virgen de la Candelaria, Patrona de Puno se inicia cada 2 de febrero y sus festejos se extienden durante diez días. Durante el primer día, cientos de grupos de danza de las diversas localidades aledañas rinden homenaje a la "mamacha" mostrando lo mejor de su folklore y los trajes más elegantes. Aquí se puede apreciar la famosa diablada. La imagen de la virgen es llevada en procesión por las principales calles. Los días posteriores se realizan ferias y fiestas en diversos barrios donde se bebe y se baila durante el día y la noche.

Esta virgen se convirtió en el ángel guardián de la ciudad a causa de un milagro que ocurrió en el siglo XVIII. Doce mil hombres se apostaron en las alturas de la villa de Puno, cercándola. Los sitiadores eran liderados por el caudillo aymara Túpac Catari, continuador de la lucha de Túpac Amaru. Eran los primeros meses de 1781 y los rebeldes intentaron tomar la ciudad para reducir este bastión del virreinato y preparar su ataque a la actual ciudad del La Paz. Los habitantes de la villa puneña se defendieron con el mayor coraje posible, pero su inferioridad numérica no les daba mayor chance en la contienda. En su desesperada situación, los pobladores optaron por sacar a la virgen, cuya imagen se veneraba en la iglesia de San Juan. Tras implorarle su protección durante toda la noche, los pobladores observaron, atónitos, cómo los enardecidos sitiadores abandonaron el lugar.

Otras tradiciones dicen que en aquella misma ocasión, durante la procesión matinal, las andas de la virgen empezaron a brillar con gran intensidad, encegueciendo a los sitiadores y haciéndoles víctimas de un terrible espejismo: un enorme ejército a caballo llenaba la ciudad y sus armas brillaban también intensamente. Ante esa visión, las tropas de Túpac Catari se replegaron.

La apoteosis del festival es el 12 de febrero cuando cientos de grupos muestran su respeto con danzas en una larga procesión a través de la ciudad, acompañada con música típica de los Andes. Dentro y en los alrededores de Puno son 726 el número de danzas registradas que han pasado la prueba del tiempo y que aún son practicadas.

Las Islas Flotantes de los Indios Uros
En el Titicaca existen numerosas islas, cada una con sus propias características y peculiaridades. Entre ellas encontramos a las islas de los Uros.

A seis kilómetros del puerto lacustre de Puno y a 3.812 metros s.n.m. se encuentra un sorprendente archipiélago de 40 islas de totora (especie de junco que crece en los terrenos pantanosos de América del Sur), habitadas por los Uros, descendientes directos de una de las culturas más antiguas del continente. Los hombres de esta comunidad flotante afirman ser los dueños de las aguas del lago, además, dicen tener la sangre negra.

El origen de este pueblo se perdió en los laberintos de la historia, pero se presume que descienden de los Pukinas, una de las comunidades más antiguas de América.

La totora es un recurso renovable e indispensable para la vida de los Uros, debido a que con ella construyen sus islas. La totora, tejida hábilmente, constituye también los techos, paredes y puertas de sus viviendas. Con el mismo material confeccionan el principal medio de transporte entre sus islas y el continente: las balsas. Otro de los usos, muy importante, es que cuando los tallos se secan los usan como leña para sus cocinas, cumpliendo la función de combustible. Con el advenimiento del turismo, empezaron a realizar hermosas artesanías de totora, las cuales venden para ayudarse en su economía. Además la utilizan como alimento, ya que al quitarle la corteza queda una sustancia blanca, fibrosa, prácticamente sin gusto, pero igualmente utilizada como complemento a sus dietas.

Isla de Taquile
Aproximadamente a 35 km de Puno por barco, es la isla soñada: no hay hoteles, carreteras, electricidad, autos, ni siquiera bicicletas ni perros. La visita de la isla en un sólo día puede ser bastante agotadora, debido al trayecto en barco y a los 533 peldaños que hay que subir para acceder al pueblo. Las terrazas pre-incas y las pequeñas ruinas delimitan el terreno y los numerosos pasajes que lo tendrán ocupado. La comunidad de 1,200 indios es muy acogedora y el turismo aún no ha modificado ni un poco el modo de vida de esos habitantes de otra era, vestidos con trajes tradicionales y que hablan solamente el Quechua. Es una isla que ha sabido preservar un gran valor étnico y cultural así como las tradiciones del trabajo artesanal y de su textilería mundialmente famosa. Para el turista que desea pasar la noche ahí, las familias proponen la hospitalidad de sus hogares. La gente vive en comunidad y mantiene entre sí una fuerte cohesión; la repartición de los cultivos y de las cosechas se hace en función de las necesidades de cada uno.

Chullpas de Sillustani
Zona arqueológica ubicada a 34 kilómetros de la capital. Una de las necrópolis más importantes del mundo y que se levanta a 4,000 metros s.n.m. en una explanada rodeada por la hermosa laguna de Umayo. Las chullpas son gigantescos monumentos funerarios construidos por los Collas; son edificaciones cuadrangulares y circulares que superan los 12

Historia
Cuenta la leyenda que de las aguas del Titicaca emergieron Manco Cápac y Mama Ocllo, míticos fundadores del imperio de los incas. Lo cierto es que en la región se desarrolló una de las culturas pre-incas más importantes, la Tiahuanaco, máxima expresión del antiguo pueblo Aymara.

Entre los años 800 y 1200 d.C. el altiplano, compartido hoy por Perú y Bolivia, fue testigo del desarrollo de la cultura Tiahuanaco. Una civilización cuya influencia, especialmente en el ámbito religioso, se dejo sentir en casi todo el territorio peruano. Con destreza desarrollaron la arquitectura, la litoescultura, la cerámica y la textilería, dejando en todas sus piezas, una iconografía religiosa que aún no comprendemos a cabalidad. Al decaer el poder Tiahuanaco, diversas culturales locales surgieron en sus antiguos dominios. Los Collas y Aymaras destacaron sobre los demás reinos.

Los Incas, en el siglo XV, entraron en la meseta del Collao conquistando violentamente a los grupos collas que habitaban tanto la parte alta como las tierras bajas. Otros pueblos como los lupacas, pacajes y azángaros optaron más bien por aliarse a los Incas y establecieron vínculos de reciprocidad con los gobernantes cusqueños.

Los conquistadores españoles establecidos en Cusco tuvieron noticias de las riquezas que guardaba la región del Collao. Empezó así, la presencia hispana en el Altiplano.

A mediados del siglo XVII, el control de las minas de Laycacota ocasionó terribles disputas. El propio virrey Conde de Lemos viajó hasta la zona para pacificarla y fundó entonces la actual ciudad de Puno con el nombre de San Carlos de Puno el 4 de noviembre de 1668. Más tarde, durante el siglo XVIII, la población indígena de la región apoyó la rebelión de Túpac Amaru y la de Túpac Catari, y exigió poner fin a los abusos cometidos por las malas autoridades.

En el siglo XX los campesinos puneños se levantaron nuevamente, esta vez con Teodomiro Gutiérrez Cuevas Rumi Maqui como líder, lucharon contra aquellos que pretendían arrebatarles sus tierras. La tradición campesina se ha mantenido en el departamento cuyas principales actividades continúan siendo la agricultura y la ganadería con miras al mercado regional del sur andino.

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